Dulce companía

“El desembarco” de Nuno Mancilla

Habrán transcurrido, más o menos unos seis años desde mi nacimiento -tiempos vividos en esa franja glaciar, montañosa, con su costa lacustre, que determinaba el límite natural que nunca antes había cruzado- para que, junto a mi familia, nos embarcáramos en una travesía, sin que hasta ahí pudiera imaginar cual sería nuestro destino. Recién, cuando la distancia con esa región empezó a acrecentarse -con  la  ayuda  de  un  crepúsculo  que  avanzaba  muy  rápido,  cubriendo con  un  manto  de nubes  purpuras lo que hasta ahí había sido mi mundo- empecé a tomar conciencia que lo estaba dejando  atrás.
Sin saberlo comenzaba a ser “el  ayer”.

Nuestro mañana será, el pueblo de El Calafate...


Colección “Campo limpio” – Cuento II
•Primera edición de 100 ejemplares numerados
•Tamaño A6: 10 x 15cm
•Tapas blandas cartulina celeste
•Cosidos a mano
•Impresos en papel bookcel de 80grs
El Calafate – Santa Cruz – Argentina

Atrapasueños

Soñé que dormía. No estaba en mí cama. Estaba tendido en una frondosa alfombra de pasto rodeado de lengas y ñires. Dormía profundo. Podía sentir la densa humedad subir por mi cuerpo y el aroma dulce del bosque en diciembre. Los ojos cerrados y la cara sonriente tenía. Seguro que estaba soñando algo lindo o que ya no estaba, que había dejado de sentir frío. 

Cerezas

Buscando cerezas, encontré a la luna. Encontré cerezas también pero estaban verdes. Tendré que esperar me dije, como espero a la luna que crece y que algunas veces me encuentra buscando cerezas.


Cuentos editados artesanalmente

Salir

Un cuento de Alberto Chaile

Este cuento obtuvo el 2do premio en el género narrativa del XXVII Certamen Nacional De Los Cuatro Vientos y forma parte de la Antología Letras Argentinas de Hoy 2012.
•Primera edición de 100 ejemplares numerados
•Tamaño A6: 10 x 15cm
•Tapas blandas liner de 200grs
•Cosidos a mano
•Impresos en papel bookcel de 80grs
El Calafate – Santa Cruz – Argentina

Miedo

Hay noches en las que siento miedo, me dijo. Siento que, cuando calma el viento y todo se aquieta y llega el silencio nocturno, no voy a poder soportar ese momento. Dijo esto y se quedó mirando como empezaba un nuevo día. Mientras preparaba unos mates pensó en qué sería de nosotros sin el miedo, cómo despertaríamos de una noche sin pesadillas, en quién pensaríamos si no necesitáramos encontrar seguridad, si lo poco que nos queda de fe no se terminaría disipando, evaporando, abandonándonos como quien deja a un ser omnipotente.


Panfleto electrónico

La verdad, aunque sea relativa, no necesita del panfleto. Cuando me propongo decir lo que pienso o creo de otra persona, lo hago siempre con la convicción de que estoy expresando una verdad o, por lo menos, lo que creo que es mi verdad. Después, me atengo a las consecuencias.

Cuando inicie este blog, hace ya casi una década, muchas de mis opiniones o verdades relativas, molestaban a los que sentían cuestionados por ellas; pero todos sabían quien las decía, incluso sabían desde que lugar las decía.

Nunca necesité camuflarme, esconderme o lo que es más triste, disfrazarme de otro para decir lo que pensaba.

El panfleto, que dejó atrás el papel para volverse electrónico, cuando afirma algo sobre cualquier persona, amparado en el anonimato o en una fachada falsa, no se propone decir una verdad. Se propone, como lo hizo históricamente el panfleto, injuriar impunemente.


Debe ser por ello que no siento la necesidad de contrarrestar nada de lo que panfletariamente se diga de mí y que, ateniéndome a las consecuencias, ratifico todo lo que en este blog he venido diciendo y que, aunque haya pasado el tiempo, pareciera interesar e inquietar a algunas personas.  

Atardeceres

Atardeceres largos, luminosos y con algo de viento que sigue dando vueltas, a veces como un caballo espantado que no encuentra calma, otras, como si arrullara la existencia de un ser que duerme apacible tendido en el pasto.


Lecturas


Nada

No voy a decirte nada. Hambriento de palabras que no encuentro para decir cosas que no alcanzo a sentir, mantengo mí orgullosa postura de no decir nada.


Solo

No vuelvas. Atrás no hay nada que valga la pena. No avances. El paraíso es una promesa para los que tienen fe, es también -si se quiere-  una respuesta para los que no se preguntan nada. La angustia por el futuro es el cebo con el que engañan a los desesperados. Prueba quedarte un rato ahí. Fuera de ti mismo o de eso que algunos  creen que eres. Aprovecha que no hay nadie a quien ofrecerle el triste espectáculo que has hecho de esto que llamas vida y deja de actuar. No hay aplausos. No hay reproches. No hay indiferencia. Estar solo, tiene sus ventajas.


Autoridad

-Nos queda la esperanza de un pasado que ronda en nuestros sueños alimentando ilusiones de un tiempo que vendrá. No como un regalo ni una dádiva del colonizador. No. Hay en cada gesto que reconstruimos un símbolo de lo que fuimos. Deben saber que no nos resignamos. Que estamos más allá de lo que ninguno de ustedes pueda imaginar-, dijo, mientras observaba atento y ceremonioso como el Inca arengaba desde la escalera dando muestras de una autoridad y presencia que imponía –con naturalidad- un respeto y una consideración que pocas veces he visto.


Gorila

Gorila resultó finalista en el XXIX Certamen Nacional de los Cuatro Vientos -Poesía y Narrativa Breve- e integra la Antología Letras Argentinas de Hoy 2013.
•Primera edición de 100 ejemplares numerados
•Tamaño A6: 10 x 15cm
•Tapas blandas liner de 200grs
•Cosidos a mano
•Impresos en papel bookcel de 80grs
El Calafate – Santa Cruz – Argentina


Invisibles

La batalla está perdida. Nos queda sólo el recuerdo de un tiempo de gloria que para otros fue también un tiempo de batallas perdidas. El enemigo llego cuando menos lo esperábamos. Traía consigo codicia y deseos que pueden nublarle la vista a cualquiera. Yo creo que no nos vieron. Cruzaron por encima nuestro como si fueran hacheros abriéndose camino en medio de la selva. No nos vieron. Tampoco escucharon nuestro lamento. Pasaron más de cinco siglos y todo sigue igual. Seguimos siendo invisibles. No hay grito por mas desgarrador que sea que llegue a los oídos del colonizador.



Quién

Quién cuida a quien, me pregunté una tarde soleada en medio de una multitud que esperaba ansiosa el transitar fastuoso de bulliciosas comparsas que invitaban a bailar al son de sus tamboriles y trompetas.


Juguete

Fui gran parte del recorrido contento. Disfruté cada una de las situaciones que se me fue presentando como si fueran realmente irrepetibles. Por momentos me confundí entre esa multitud bulliciosa que miraba para otro lado. Aprovechando el jolgorio y el descontrol en el que todos parecían sumergidos, traté de soltarme, de dejarme caer, pero no pude. Estoy condenado, pensé. La realidad es un juego en el que me ha tocado en suerte ser juguete.


Destino

Desconectados. En una misma fiesta pero desconectados. Centrados en nosotros mismos. Cada uno en su mundo. Así andamos. Por carriles separados. Tan separados que no hay manera de encontrarse o, lo que parece peor, no hay siquiera necesidad de esquivar al otro. Y en ese andar, aunque resulte terrorífico, vamos felices, despreocupados, seguros, como si hubiera un destino.


Un vuelo frustrado (Autor: Nuno Mancilla)

Cuentos artesnales
•Primera edición de 100 ejemplares numerados
•Tamaño A6: 10 x 15cm
•Tapas blandas cartulina celeste
•Cosidos a mano
•Impresos en papel bookcel de 80grs
El Calafate – Santa Cruz – Argentina

…ENSOÑACIÓN…

~ taller de encuadernación artístico artesanal ~

Quijote

Luz de Agosto

El 30 de julio de este año se realizó en el Club Cultural Matienzo de la ciudad de Buenos Aires el festival “Luz de agosto” de Casa de Letras, que contó con las lecturas de doce alumnos de todos los cursos y niveles de la escuela. A partir de hoy, todos los viernes presentaremos, por orden de lectura, los cuentos leídos junto con una breve entrevista a sus autores. En este caso se trata de Alberto Chaile, alumno del nivel II de la carrera de escritura narrativa en la Escuela de Escritura Online de Casa de Letras.

Me mueve

Me mueve más creer que no voy a llegar a ningún lugar y seguir...Me mueve el dudar, el no ver, el sentirme desorientado. 

Nostalgia

La vi venir. Tenía un andar acurrucado como si no quisiera ser vista. Pensé en cruzarme de vereda para no toparla pero no lo hice. Seguro que ella también me vio venir, a pesar de mi andar despreocupado. Aunque intenté esquivarla no pude evitar encontrarme con esa mirada apagada y ese rostro oscuro. Hice un gesto como para saludarla y me encontré con nada. Solo una sonrisa triste, como si arrastrara por siglos una nostalgia maltratada.


Fracasas cuando eliges no volver a empezar.

Buen 2009 para todos...
(Encontré este post guardado como borrador. No sé que pasará si decido hacer click en Publicar, pero voy a probar. Pasaron cinco años de años, veamos que pasa. Por cualquier cosas, hoy es 12 de julio de 2014)




Guiño

Tenía los pies cansados y una voluntad que parecía evaporarse en cada paso que daba. Convencido que no había mapa, ni guía, ni seña que le diera sentido a ese andar tartamudo en el que me había embarcado, me dejé ir, aliviado por una brisa tenue que –como avergonzada de mi presencia- acompañaba, distante, mi caminar, como quien se abraza una ilusión pasajera.


Ganar

Cuando el día empieza a rodar y la realidad se vuelve tres palos, los sueños y las ilusiones parecen un arco imposible de atravesar y el mundo se arruga como una barrera que no te deja ver la realidad; y es entonces que la vida, pide, en un acto de locura colectiva más: un minuto de descuento; como si el tiempo fuera -por sí mismo- a fabricar ese milagro, ese deseo, o ese pasaje a la felicidad efímera que representa el ganar.


Escribir V

En ese tiempo, mi única expectativa, era, publicar en el blog. Dejé de ocuparme de la realidad y empecé –de a poco- a incursionar en la ficción. Pero no era tan fácil. Probé asociar los textos con fotos que yo mismo tomaba y las visitas del blog se incrementaron. ¡Que buenas fotos! Decían algunos comentarios y yo, volvía a leer el texto, y, con ello, volvía a darme cuenta que a mi escritura le faltaba algo.


Escribir IV

Recuerdo que en el 2005 cuando estaba sin trabajo, en cuarteles de invierno como acostumbran a decir cuando te salís del sistema, empecé, en este blog, a hacer catarsis de todo eso que saturaba mi cabeza de realidad. Subía dos o tres post por día en los que opinaba, críticamente, acerca de las cosas que nos pasaban. Fue ahí que empecé a darme cuenta, al volver a leerme, que ´-muchas veces- los textos que subía, eran un desastre. Había errores ortográficos, de redacción y muchas veces, por la forma en que estaban escritos, no decían lo que me había propuesto decir, o lo peor, no decían nada.


Escribir III

Desconocía esta faceta tuya, suelen decirme, cuando me ven en algun encuentro literario. Tratando de no tomarme muy en serio, respondo, que yo también la desconocía, que nunca había imaginado que podía narrar historias y que otros fueran a leerlas.


Escribir II

Escribir es fácil. Lo difícil es corregir. Leerse y darse cuenta que amontonando palabras no se llega a ningún lado. Seleccionar párrafos completos y apretar suprimir. Alimentar la papelera de reciclaje con textos que te parecían buenos y que, pasado un tiempo, te dan vergüenza.


Escribir

No resulta fácil explicar por qué te levantas a las cuatro de la mañana y te pones a escribir. Tu mujer te mira raro. Tus hijos te dicen que te agarró el viejaso. Más difícil aún es tratar de explicar que estas escribiendo un cuento y que justo, a esa hora, se te apareció un personaje que podría darle a tu historia algún sentido.


Morel

(Creo que perdemos la inmortalidad porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado; sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria: retener vivo todo el cuerpo. Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia.) La invención de Morel. Adolfo Bioy Casares

Respirar

Respirar, de eso se trata la vida, dijo eufórico como si estuviera anunciando la buena nueva. La gente se ha olvidado de lo básico, está tan ocupada en llenarse los bolsillos, la panza y los hogares de cosas que no tienen sentido, que ha dejado de lado, algo tan simple, como es el hecho de respirar. Respiro y luego existo, insistió ahora, dándole a sus dichos un tono filosófico.

Yo seguí manejando. Soportando esa arenga sin que se notara lo insoportable que me resultaba escucharla. Pensando en cómo hacer para taparle la boca. Inhalando y exhalando por nariz para mantenerme tranquilo.

Aura

Repetía, todo el tiempo, que nada la haría cambiar de idea. Yo soy así, nací así y voy a morir así, decía cada vez que alguien lo cuestionaba por lo acotado de sus pensamientos. Yo, agregaba, no necesito cambiar, soy feliz así. Y uno se quedaba mirando por la ventana para evitar una discusión sin sentido.

El día de su sepelio, nadie quiso hablar para despedirlo. Algunos por respeto a sus convicciones. Otros por comodidad, para no tener que esforzarse en pensar algo que valiera la pena decirse. Y otros, tal vez los más, por temor. Déjenlo irse así, me dijo un amigo, en silencio, no vaya a ser cosa que, al decir algo, vayamos a incomodar a ese aura que aún anda dando vueltas entre nosotros.


Cambiar

La mujer que me vendió los cerezos fue tajante al asegurar que, de nada servía plantar una docena de ellos si no me llevaba uno que haga de polenizador, uno que cumpliera la función de proveer flores para facilitar la polenización de los otros y con ello la abundancia de frutos.  Pero no espere de él otra cosa, me dijo, este árbol sólo dará flores.  Una década más tarde, las mejores cerezas me las da él.  ¿Habrá cambiado con el pasar del tiempo? Vaya uno a saber.  ¿Cambiará uno también con el pasar de los años?



Pequeñas historias en el inmenso sur


Tierra manuscrita, tierra escrita en Lexicon 80, en Word: la desmesura de la Patagonia es inabarcable. El hombre común tiene límites que no puede traspasar. Los ojos del hombre común, del cronista, del narrador, no tienen anchura suficiente para aprehender la inmensidad;  Pigafetta atrapó gigantes pero no pudo describir la tierra más allá de la costa.

Hudson y Darwin regresaron a su isla pequeña-pequeña para lidiar hasta la muerte con la nostalgia por la extensión. Por más que escribieron no pudieron conjurar la extraña sed que los acechó hasta el fin de sus días.  El hombre escribe, teje letras, pero la tierra siempre se resistirá a ser narrada.
No se ha dejado ensillar nunca, desde 1520.

Sin embargo, un hombre insiste en su porfía. Tiene un paraíso en su interior; tiene aves, arena, caballos, arreos. El único remedio (el mismo) es escribir, tirar de ese hilo azul unido al carretel ensartado en un poste del pasado. Al cabo de un tiempo el hombre se da cuenta de que el paraíso está perdido. Aunque (reflexiona) le quedan la Patria y la laguna.

Pero no ha viajado en vano: se despierta con un cuaderno entre sus manos.

Y el otro, cercado por la urgencia, toma un atajo. Busca el remedio (el mismo) en la ficción.

Recurre a una colección de personajes que tiene guardados en la caja de Saint Exupery. Les asigna a cada uno un escenario. Desde el teclado de la computadora, como si fuera una play station, presiona los controles. Los personajes transitan lo urbano (bares, estaciones de servicio, calles de ripio, aeropuerto) y viajan a través de caminos que los desvelan, a través del delirio de los espejismos. Visita las caras redondas y duras de la real-realidad.

Cuando retira las manos, la sangre se escurre por el espaciador del teclado.

Buenos Aires (Barracas),                                          Héctor Raúl "Gato" Ossés   

Calle

A veces, la calle, no dice nada, es solo cemento abandonado. Y algunas veces, cuando te veo pasar, parece querer decirlo todo.