Dulce companía

Juguete

Fui gran parte del recorrido contento. Disfruté cada una de las situaciones que se me fue presentando como si fueran realmente irrepetibles. Por momentos me confundí entre esa multitud bulliciosa que miraba para otro lado. Aprovechando el jolgorio y el descontrol en el que todos parecían sumergidos, traté de soltarme, de dejarme caer, pero no pude. Estoy condenado, pensé. La realidad es un juego en el que me ha tocado en suerte ser juguete.


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