-Nos queda la esperanza de un pasado que ronda en nuestros
sueños alimentando ilusiones de un tiempo que vendrá. No como un regalo ni una dádiva
del colonizador. No. Hay en cada gesto que reconstruimos un símbolo de lo que
fuimos. Deben saber que no nos resignamos. Que estamos más allá de lo que ninguno
de ustedes pueda imaginar-, dijo, mientras observaba atento y ceremonioso como
el Inca arengaba desde la escalera dando muestras de una autoridad y presencia
que imponía –con naturalidad- un respeto y una consideración que pocas veces he
visto.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
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