Dulce companía

Destino

Desconectados. En una misma fiesta pero desconectados. Centrados en nosotros mismos. Cada uno en su mundo. Así andamos. Por carriles separados. Tan separados que no hay manera de encontrarse o, lo que parece peor, no hay siquiera necesidad de esquivar al otro. Y en ese andar, aunque resulte terrorífico, vamos felices, despreocupados, seguros, como si hubiera un destino.


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