Recuerdo que en el 2005 cuando estaba sin trabajo, en cuarteles de
invierno como acostumbran a decir cuando te salís del sistema, empecé, en este blog, a hacer catarsis de todo eso que saturaba mi cabeza de realidad. Subía
dos o tres post por día en los que opinaba, críticamente, acerca de las cosas
que nos pasaban. Fue ahí que empecé a darme cuenta, al volver a leerme, que
´-muchas veces- los textos que subía, eran un desastre. Había errores
ortográficos, de redacción y muchas veces, por la forma en que estaban
escritos, no decían lo que me había propuesto decir, o lo peor, no decían nada.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

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