Dulce companía

Guiño

Tenía los pies cansados y una voluntad que parecía evaporarse en cada paso que daba. Convencido que no había mapa, ni guía, ni seña que le diera sentido a ese andar tartamudo en el que me había embarcado, me dejé ir, aliviado por una brisa tenue que –como avergonzada de mi presencia- acompañaba, distante, mi caminar, como quien se abraza una ilusión pasajera.


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