Durante mis primeros años en El Calafate, disfrutaba mucho del contacto con lo natural, nuestra casa quedaba a un par de km del pueblo y cuando volvía de trabajar, podía pasarme toda la tarde sin que nada ni nadie interrumpieran la lectura de un libro o la ansiada siesta. En el barrio había tres casas habitadas permanentes y una que ocupaba de manera temporaria conocido actor nacional. Fueron cuatro o cinco años, en los que pudimos apreciar la aventura de vivir alejados del mundo.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
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