Durante mis primeros años en El Calafate, disfrutaba mucho del contacto con lo natural, nuestra casa quedaba a un par de km del pueblo y cuando volvía de trabajar, podía pasarme toda la tarde sin que nada ni nadie interrumpieran la lectura de un libro o la ansiada siesta. En el barrio había tres casas habitadas permanentes y una que ocupaba de manera temporaria conocido actor nacional. Fueron cuatro o cinco años, en los que pudimos apreciar la aventura de vivir alejados del mundo.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
Comentarios
Publicar un comentario