Estoy sentado frente a mi computadora, levanto la vista y veo el témpano, es apenas un punto blanco sobre el lago color turquesa. Su existencia se desvanece para integrarse a la cuenca lacustre que muchos reconocen como una de las reservas más importante de agua dulce del planeta y por la que muchos profetizan, se libraran batallas en un futuro no tan lejano.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
que buen contraste de la nieve y la erena y los colores... un regalo a la vista, despues de todo.
ResponderBorrarsaludos!