Afuera llueve. Por momentos de manera torrencial. Esto no es
ninguna novedad. Estamos en pleno invierno y por estos lados, en invierno, es cuando más llueve.
Tampoco es novedad que esté haga frio. Lo extraño, lo novedoso, sería lo
contrario.
Dicen que hay lugares en donde no existen las estaciones climáticas.
Que da lo mismo el otoño que la primavera, o el verano que el invierno.
Me
cuesta imaginar un lugar así.
No sé si lo soportaría.
Debe ser como viajar en
un tren que no para en ninguna estación o o llevar una vida como un viaje interminable hacía ningún lugar.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.

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