Afuera llueve. Por momentos de manera torrencial. Esto no es
ninguna novedad. Estamos en pleno invierno y por estos lados, en invierno, es cuando más llueve.
Tampoco es novedad que esté haga frio. Lo extraño, lo novedoso, sería lo
contrario.
Dicen que hay lugares en donde no existen las estaciones climáticas.
Que da lo mismo el otoño que la primavera, o el verano que el invierno.
Me
cuesta imaginar un lugar así.
No sé si lo soportaría.
Debe ser como viajar en
un tren que no para en ninguna estación o o llevar una vida como un viaje interminable hacía ningún lugar.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

Comentarios
Publicar un comentario