Dulce companía

Cocido

Hundió el cuchillo sin odio, sin desprecio, incluso me animo a decir con cierto placer. La sangre brotó densa, pesada, como si antes de salir ya estuviera coagulada. El verla así le provocó repugnancia, asco y por un instante creyó que las náuseas lo iban a desbordar. Pero pudo contenerse. ¡Mozo! -grito desde la mesa, concentrando la atención de todos los comensales- le dije bien clarito que al bife de chorizo lo quería cocido.

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