Ya estamos sobre la parte oeste de la bahía. Desde aquí, la ciudad se ve distinta. A la cortina de sauces y álamos verdes concentrados en el la parte más antigua del pueblo, ahora la bordean nuevas construcciones, algunas de ellas levantadas solo para juntar los verdes aportes de la industria del turismo que motoriza toda vida de la ciudad. A la par nuestra, una cabalgata marcha a paso de hombre. Sobre la delgada capa de agua que persiste en la bahía, algunos flamencos, cisnes y patos disfrutan de la jornada.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
Y acá un viaje, me apetece unirme a esta travesía, parece que la del narrador a pie, aunque a caballo debe ser hermoso, con esa extensiones inmensas...
ResponderBorrarAl paso para no perderse el paisaje ni los pájaros... y luego un trote largo para sentir el viento en la cara y la sensación de sentirse libre y un poco salvaje.
Volveré. Un beso,
Yo quiero subirme a uno de esos jamelgos y unirme a este maravilloso viaje.
ResponderBorrarQue preciosidad de paisaje.
Mil besitos!!!
Que bonito lo cuentas,
ResponderBorrarcomo par desear disfrutarlo.
Besos.
Que foto mas bonita.
ResponderBorrarBesazos
Envidio a los jinetes!
ResponderBorrar