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Presente VII

“Estamos muy lejos de las Malvinas” preguntó otro pasajero, ya de regreso de su guiada numero cuarenta. Si, está muy lejos, contestó, un poco desganada, pero siempre sonriente, esperando que la combi llegue al pueblo y la libere de -un día más- de tener que repetir el mismo discurso, contestar las preguntas mas insólitas y soportar los reproches de  los que siempre encontraban algo de que quejarse. El timbre del celular la sacó bruscamente de ese estado de apatía en el que se sumergía en los últimos tramos del viaje de vuelta del glaciar. Catorce mensajes de texto esperaban ser leídos en su bandeja. El celular no solo la despertaba, sino que, le recordaba que al salir de la ciudad, se quedaba casi ocho horas sin señal, situación esta que sus amigos y familiares parecían no entender, porque insistían en mandarle mensajes a toda hora, mensajes estos que perdían vigencia y que en muchos casos optaba por no contestar.


Comentarios

  1. Qué belleza de imagen
    nos dejaste,esto compensa un poco la monotonía del trabajo.

    Besos

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  2. Algunas veces eso de quedarse sin señal en el celular, es un momento afortunado...

    Cariños
    Ro

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  3. Hola ALberto:

    Sin tiempo para leerte ahora, vengo a agradecerte tu coemntario en mi blog en el cual eres muy bienvenido siempre que lo desees.

    Volveré con calma.

    Abrazo

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  4. Supongo que tanto trabajo la estresa, pero a su vez hacerlo en lugares como ese le debe dar su cuota de relajación. Aunque a veces estás tan cansada que ni siquiera podés responder un msj.

    Saluditos!

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  5. Adoro la sensación de no estar enganchada al móvil. Cuando voy al pueblo, desconecto y me encuentro a mí misma.

    Besazos

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