Hay en el noroeste argentino, un amor y un respeto por la pachamama, que a uno lo atrapa. Es un amor religioso que se profesa cotidianamente, en las calles, entre los sembrados y en medio de las soledades más oscuras, siempre está ella. Es un amor que pide perdón por los maltratos a los que la madre tierra ha sido sometida y que agradece la eterna entrega, que da frutos y que alimenta de vida nuestra existencia.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
bella imagen y justas palabras. saludos!
ResponderBorrarCuidemos nosotros nuestra Tierra.
ResponderBorrarBesos (ah y siempre es un placer volver por tu espacio)
Hola Noesperesnada,regreso ligero de equipaje a tu hermosa casa, aquí me quedo, gracias por tus letras, pasa buen día, besos cautivos...
ResponderBorrarAyy ami esas cosas me encantan.
ResponderBorrarMucho respeto por las culturas originarias de Argentina.
Cosas interesantes se encuentran en fornteras propias, hay que dejar de maravillarse con lo tan lejano que no se alanza. Se tiene a pocos km de distancia gran riqueza cultural que no se aprovecha.
A vover a las raices, carajo.-
Saludos para voce!
¿?puedo decir, como buena fenimista que soy, que a las estatuas o monumentos a la fertilidad deberíamos construirles un tipo al lado, para que desnaturalicemos la paternidad irresponsable¿?
ResponderBorrarPuedo? me dejas?