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Relación II

Se quedó unos minutos parada, con las espaldas apoyadas sobre la puerta, los brazos caídos a un costado del cuerpo, la cabeza tirada hacia tras y los ojos cerrados. Se aguantó las ganas de llorar respirando bien fuerte y conteniendo el aire en sus pulmones. No vale la pena llorar por este infeliz pensó y en su cabeza dio vueltas un pensamiento recurrente en estas situaciones “cuidado con lo que dices, mira que siempre terminas arrepintiéndote”. Dio unos pasos hacía la cocina y buscó una bolsa de residuos, de esas negras y grandes tipo consorcio. Empezó con la ropa. Metió todo lo que fue encontrando, en la cómoda, en el placard, en el piso. Sobre la mesita de luz, el portarretratos los mostraba juntos, sonrientes, hasta se podría decir felices, saltando entre las olas del mar. Tomo el cuadro y pensó en tirarlo, pero su mano se fue sola hacía uno de los cajones de la cómoda y guardó allí lo que no dejaba de ser un buen recuerdo.


Comentarios

  1. A veces las decisiones apresuradas son precisamente porque las personas íntimamente no están convencidas. Así anda la humanidad, las decisiónes mas importantes son irreflexivas. El Amor requiere mucho trabajo. Interesante tu relato. Muchos saludos.

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  2. Un mal final no debería enturbiar un buen recuerdo. Buen micro.

    Beso

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