Está cambiando el aire. Lo hace con fuerza. Como si ya no soportara más
permanecer así. El aire que respiramos por varios días viaja a unos cien kilómetros
por hora rumbo al Atlántico. Se lleva nuestros suspiros, nuestros enojos y todo
aquello con lo que lo cargamos mientras circula por nuestro organismo. El aire
que llega viene desde el Pacifico. Atravesó la cordillera y aunque su permanencia
entre nosotros es casi efímera, se respira bien, limpio, como aire nuevo.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.

¡dale amigo! ¡seguí escribiendo! es como nadar o andar en bicicleta....no te olvidás mas. Un saludo!
ResponderBorrarNo hay nada como aire limpio!!! un beso
ResponderBorrar