Parece simple. Sentarse –aunque sea una vez al día- y empezar a escribir,
a tratar de plasmar una idea, un pensamiento o lo que surja. Escribir, de eso
se trata. Sin que nadie te obligue a hacerlo. Pasan los días y de golpe te das
cuenta que ya ni siquiera lo intentas. Y cuando quieres retomar, te cuesta. Como
si tus dedos no pudieran teclear o estuvieran desacostumbrados. Voy a probar
empezar de nuevo, solo para ver que pasa.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

Los mejores escrito salen....no siendo planeados Besos
ResponderBorrar