Parece simple. Sentarse –aunque sea una vez al día- y empezar a escribir,
a tratar de plasmar una idea, un pensamiento o lo que surja. Escribir, de eso
se trata. Sin que nadie te obligue a hacerlo. Pasan los días y de golpe te das
cuenta que ya ni siquiera lo intentas. Y cuando quieres retomar, te cuesta. Como
si tus dedos no pudieran teclear o estuvieran desacostumbrados. Voy a probar
empezar de nuevo, solo para ver que pasa.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.

Los mejores escrito salen....no siendo planeados Besos
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