Dulce companía

Acostumbrados


Es como si se estuviera apagando, como si –a medida que pasan los días- hubiera alguien que la fuera borrando. El poder verla así, cuando amanece, me impone cierta nostalgia por eso que no se alcanza ver pero que indiscutiblemente está. Se me ocurre pensar que tal vez nos hemos acostumbrado tanto a su menguar y a su volver a crecer, que nadie duda que se vuelva a completar. Me incomoda ese acostumbramiento. Prefiera empezar el día pensando que quizás esta sea la última luna que vaya a ver, que esta noche la humanidad se desayunará con la noticia de que ya no está. Por eso decido quedarme contemplando su pasar mientras comienza a clarear.

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