La
mujer que me vendió los cerezos fue tajante al asegurar que, de nada servía
plantar una docena de ellos si no me llevaba uno que haga de polenizador, uno
que cumpliera la función de proveer flores para facilitar la polenización de
los otros y con ello la abundancia de frutos. Pero no espere de él otra cosa, me dijo, este árbol
sólo dará flores. Una década más tarde,
las mejores cerezas me las da él. ¿Habrá
cambiado con el pasar del tiempo? Vaya uno a saber. ¿Cambiará uno también con el pasar de los
años?
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.

Sí, uno cambia con el pasar de los años o eso es lo esperable, creo yo. Es la evolución, el crecimiento, madurar, aprender... aunque la esencia permanece.
ResponderBorrarTienen muy buena pinta esas cerezas. Y me traen recuerdos de infancia
Un abrazo