Ir al contenido principal

Una imagen obsesiva

La piedra sobre la montaña era grande como una casa. Se despeñaba y rodaba sin control haciendo retumbar la tierra.

La veíamos venir. No podíamos hacer nada.

No sé cuántos metros recorría. Sólo recuerdo que, en el sueño, pensaba en cómo protegernos. Lo pensaba mirando la piedra que yacía a unos pocos metros, como haciendo una pausa. Podía sentir la angustia que me provocaba el saber que, si no se hubiera detenido, nos hubiera aplastado.

Ahora, ya despierto, cuando recuerdo el sueño, imagino que tal vez tenga ver con el hecho de que estuve manejando en la ruta.

Corría mucho viento. Lo que, por sí sólo, representa una exigencia extra para el conductor.  

Pero lo que más me inquietaba era otra cosa.

Acostumbro, en estas circunstancias, a prestarles mucha atención a los camiones de carga. Pareciera que a sus cajas las hacen cada vez más grandes. El viento sopla tan fuerte que termina dándoles una ligera inclinación, como si fuera a caerte encima. Ha sucedido, en más de una oportunidad, que es tanta la presión del viento, que los ha volcado.

Afuera, el viento, sigue soplando. La angustia que me dejó el sueño ya se ha disipado. Hoy no pienso manejar.  


Comentarios

Entradas más populares de este blog

A veces

Hay esperas que calman. Y hay veces en los que, la calma, nos desespera…

La memoria espectral de los frigoríficos

Cuando miro las fotos de los frigoríficos —ese primer intento de desarrollo industrial, que surgió como complemento del oro blanco que representó la lana ovina—, no me pregunto por qué dejaron de funcionar, porque eso tiene relación con factores externos a nosotros. Lo que me provoca —el entrecruzamiento de fotos de “ estas ruinas, impregnadas de la temporalidad” (1) , que reflejan un momento de la ocupación capitalista del territorio—, es pensar en cómo, el abordaje del pasado, puede ayudarnos a entramar los hilos de un futuro que no deja de ser incierto. ¿Son estas fotos un espejo en el que nos podemos mirar para empezar a reconocernos? Ahí se me aparece, Florida Blanca, ese asentamiento español, que -cuando deciden abandonarlo- lo prenden fuego. Imagino al aónikenk observando esa escena. Ellos que eran nómades por naturaleza, que más tarde sucumbieron frente al proceso de colonización de la tierra, tratando de entender, el porqué de esa destrucción. Pienso tambien en los ...

Padre cielo XIV

A mi izquierda, un catedral natural se deja ver. Me impactan sus formas, sus colores y la proximidad a ella. Los pasos ahora son más lentos y me detengo en tramos más cortos.  Madre roca, padre cielo, hermano de mi vigilia quiero ser cerro, para ganarte en alturas de piedra eterna, quedando siempre de pie sobre la tierra , dice el poeta de la patagonia en la última estrofa de Chaltén y su melodía me envuelve para darle a este momento un carácter casi místico.