No sabemos qué fue lo que
pensaron los habitantes originarios de nuestro territorio cuando vieron
aproximarse a la costa del actual Puerto San Julián a las naves comandadas por
Magallanes. Todo hace pensar que desconocían por completo ese tipo de
embarcaciones. Que nunca antes habían visto algo parecido. Es –imagino- como si
hoy viéramos descender una nave desde el cielo con una forma extraña a nuestro
conocimiento ¿Sentiríamos temor, desconfianza, curiosidad? ¿Nos dejaríamos encantar
por su presencia a punto de no ofrecer resistencia? No existe registro alguno
que dé cuenta de cómo se sintieron los primeros habitantes de este suelo frente
a esos hombres barbudos que viajaban en esas naves flotantes. Si sabemos que a
ellos los vieron grandes e ingenuos. Tal vez haya sido es la razón por lo que
ya no quedan casi huellas de esa raza.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
Yo sentiría curiosidad y no ofrecería resistencia, ¿sería ingenua como ese pueblo?
ResponderBorrarQuizás, pero todo lo extraordinario nos inmoviliza.