No sabemos qué fue lo que
pensaron los habitantes originarios de nuestro territorio cuando vieron
aproximarse a la costa del actual Puerto San Julián a las naves comandadas por
Magallanes. Todo hace pensar que desconocían por completo ese tipo de
embarcaciones. Que nunca antes habían visto algo parecido. Es –imagino- como si
hoy viéramos descender una nave desde el cielo con una forma extraña a nuestro
conocimiento ¿Sentiríamos temor, desconfianza, curiosidad? ¿Nos dejaríamos encantar
por su presencia a punto de no ofrecer resistencia? No existe registro alguno
que dé cuenta de cómo se sintieron los primeros habitantes de este suelo frente
a esos hombres barbudos que viajaban en esas naves flotantes. Si sabemos que a
ellos los vieron grandes e ingenuos. Tal vez haya sido es la razón por lo que
ya no quedan casi huellas de esa raza.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
Yo sentiría curiosidad y no ofrecería resistencia, ¿sería ingenua como ese pueblo?
ResponderBorrarQuizás, pero todo lo extraordinario nos inmoviliza.