Dulce companía

Despacio

Despacio. Así era su andar. Daba la impresión de que media cada paso que daba. Muchas veces llegué a pensar que andaba como si no fuera a ningún lado. Como si en ese andar no hubiera un destino. -Buen día, -amigo, decía al pasar y no esperaba a que yo le respondiera. –Buen día, respondía yo y nunca supe si alcanzaba a escucharme. Porque, así como veía su silueta aparecer en la distancia y pensaba que a ese ritmo nunca llegaría hasta mí, también pasaba que, cuando menos lo imaginaba, él ya había pasado, me había saludado y había seguido su derrotero hacia ningún lado. Me hubiera gustado saber de dónde venía. O cómo se llamaba. O, hacía dónde iba. Hace ya una semana que no lo veo venir. Me quedo esperando hasta tarde pero no aparece.  

1 comentario:

  1. Hola, Alberto!... he andado por tus letras y tus imágenes y, como antes, he sentido el simple y silencioso pacer que me llena los ojos y el alma. gracias por eso!

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