Dulce companía

Vivo

Demasiada controlada tu vida, me dijo, con esa voz que casi parecía un susurro. Tienes que soltarte un poco, dejar que las cosas pasen, soltar amarras sin tener que andar hurgando en los pronósticos que anticipan tormentas. Las tormentas más bellas, las que más nos enriquecen, son aquellas que no esperamos, que no sabemos que vendrán, que nos toman por sorpresa. Ahí se aprende en serio a vivir, insistió, ahora con un tono más imperativo. Eso sí, dijo, ahora en un tono más reflexivo, ten en cuenta que la mejor tormenta es aquella de la que sales vivo.   


3 comentarios:

  1. Primero:
    Gracias por tu chapoteo en la Orilla.
    Segundo:
    Gracias por traer a Sara Cohen y a mi querida Alejandra de la mano tan pasionalmente arrebatadas.
    Y tercero:
    Gracias por haber puesto el cebo y que tras él haya llegado hasta este rincón del mundo tan hermoso.
    Tus fotos... una maravilla!
    Tus textos, breves e intensos.
    Las tormentas... tienes razón, las que no esperamos son las que nos hacen gigantes luchando contra ellas, o en ellas, o con ellas...
    Yo estoy dentro de una de ellas, aún no sé cómo saldré de ella, o si me atrapará...

    Un abrazo!
    ;)

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  2. Inquietante tu prosa y gracias por pasar por esta orilla lacustre....

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  3. Si morir es el precio a pagar por vivir, vale la pena pagarlo. Ser un mero observador de la vida no aporta reales satisfacciones y, al final, uno siempre acaba muriéndose.

    Un abrazo

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