No esperes nada —dijo, en un tono que sonó a sentencia—. La
espera es un artilugio que te suspende como quien congela una imagen. Deja que
las cosas pasen, que el devenir vaya imponiendo el ritmo que tu existencia deba
tener. Prueba olvidarte del tiempo y olvidarte también, en algún lugar, tu
agenda, tus obligaciones y tus esperas. Si al hacerlo, sientes vértigo, respira
fuerte, contiene el aire en tus pulmones y disfruta -por esos mínimos segundos-
de eso que, simplemente está ahí, y que no espera.
Las infaltables gaviotas alborotaban el cielo plomizo sobre un montículo de basura recién depositada por un camión volcador amarillo. Allí, naturalmente, merodeaba el suizo. Y le gustaba robar; pero sus “colegas” del basural no soportaban, aunque al final debían hacerlo, esa costumbre. La ley no escrita era compartir la basura, compartir los espacios. Pero no robarse entre ellos. – El basural del frío Héctor Rodolfo Peña
Y que dejamos pasar sin darnos cuenta.
ResponderBorrarMe encanta la foto.
Un abrazo