Dulce companía

Buenos Aires


Está cambiando el aire. Lo hace con fuerza. Como si ya no soportara más permanecer así. El aire que respiramos por varios días viaja a unos cien kilómetros por hora rumbo al Atlántico. Se lleva nuestros suspiros, nuestros enojos y todo aquello con lo que lo cargamos mientras circula por nuestro organismo. El aire que llega viene desde el Pacifico. Atravesó la cordillera y aunque su permanencia entre nosotros es casi efímera, se respira bien, limpio, como aire nuevo.


Ver que pasa


Parece simple. Sentarse –aunque sea una vez al día- y empezar a escribir, a tratar de plasmar una idea, un pensamiento o lo que surja. Escribir, de eso se trata. Sin que nadie te obligue a hacerlo. Pasan los días y de golpe te das cuenta que ya ni siquiera lo intentas. Y cuando quieres retomar, te cuesta. Como si tus dedos no pudieran teclear o estuvieran desacostumbrados. Voy a probar empezar de nuevo, solo para ver que pasa.