Dulce companía

Insulsa

Ya limpié mi invernáculo. Desmalecé lo que había quedado de la temporada anterior. Ordené un poco mi patio quitando las hojas muertas. Ya empecé a tirar algunas semillas de flores con la esperanza de sumar en el verano alguna especie más a las que ya tengo aclimatadas. Me queda empezar a preparar los almácigos. Pero no he tenido tiempo para ello. En eso estoy atrasado. Todos los años digo lo mismo: apenas termine el invierno, apenas ese manto blanco que cubre de frío mi patio desaparezca y el sol me entregue una par de horas de luz en el día, voy a sembrar. Pero siempre pasa algo y pierdo estos días. O mejor dicho ocupo estos días en otras cosas que surgen inesperadas. A veces pienso que, si no fuera por lo inesperado, qué insulsa sería ésta vida.

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