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Anosmia

 Dejé que el agua caliente vaya muy lento, con apenas un ligero chorrillo, llenando la taza en la que me preparaba un te. El color amarronado del saquito empezó a diluirse y un ligero aroma, apenas perceptible, pasó por mi nariz. Agarré una cucharita y probé. El sabor terroso se paseó por mi boca. Cerré los ojos y respire olisqueando el aroma que desprendía la taza. Todo estaba bien. Puedo disfrutar de un te negro, me dije, otro día más en el que puedo disfrutar de un te negro, repetí, como queriendo exorcizar ese miedo que me ronda a que la anosmia o  la disgeusia me priven de estas minucias placenteras que tiene mi vida.

Emergencia

  Saltó por la ventana del segundo piso del hospital, dice la noticia. No encontró, no buscó, o (desbordado por la desesperación) creyó ver en ese vacío una salida de emergencia...

Despertar

 Cuando tambalean mis convicciones y parece que el sinsentido está por doblegarme, amanece así...

Procesión

El miedo a quedar aislado se pasea por la avenida como una procesión de los que necesitan creer en algo pero se quedaron sin fe.

500 años de qué...

"Enero de 1520. Sufrimos una terrible tempestad en medio de estas islas, durante la cual los fuegos de San Telmo, de San Nicolás y de Santa Clara se dejaron de ver muchas veces en la punta de los mástiles, y al desparecer, al punto se notaba la disminución del furor de la tempestad. 19 de mayo de 1520. Puerto de San Julián. Alejándose de estas islas para continuar nuestra ruta, llegamos a los 49º 30" de latitud meriodional, donde hayamos un buen puerto, y como el invierno se aproximaba, juzgamos a propósito pasarlo allí."

Eterno

La muerte, de alguien cercano, me recuerda que soy un ser temporal. Las otras muertes, las de los que no conozco, la que son tapas de diarios o las que simplemente suceden en guerras, accidentes o lo que sea, no me son indiferentes, pero no impactan en mí de la forma en la que lo hace la muerte de un conocido. Siempre me acuerdo de Hugo, un pibe de mi barrio que, cuando murió, tendría unos diez años. Jugando con una bicicleta aurora, a saltar en unas lomas, se descabezó. No recuerdo el funeral, ni que hayamos acompañado a la familia al cementerio. Sí que, una brisa de tristeza, nos quedó dando vueltas a todos por bastante tiempo. Después murieron mis abuelos, un tío al que quería mucho, mi padre. Todas muertes comprensibles. Cada tanto, cuando empiezo a andar por la vida como si fuera dueño de ella, me desayuno con la noticia de que, alguien con el que compartí y que de alguna manera conocí, se murió, así, sin siquiera dar aviso. Y es ahí cuando me quedo como en pausa. Es a...

Fonoteca por Malvinas

Congelados, heridos, cubiertos de petróleo, quemados, conmocionados, deshidratados, izados uno por uno a mano, con sogas y arneses, empezaban a ser desvestidos y luego abrigados y atendidos. Lloraban de felicidad. Otros no. Apenas se movían. Estaban a punto de congelarse y por eso se limitaban a mirar y a asentir, con movimientos lentos. El frío los había afectado tanto que ni siquiera podían cerrar los ojos. Los vi y pensé sí yo había brindado ese mismo espectáculo de desprotección y fragilidad. Texto extraído de la pag.137 de la novela Puerto Belgrano – Juan Terranova