Dulce companía

Control

Es difícil de explicar. Si uno no lo vivencia. Si no lo siente en su cuerpo. Si uno, no duerme por esa sensación que lo invade que en cualquier momento se le vuela el techo. Resulta complicado tratar de hacer entender, lo que es, soportar un día completo de viento desplegando toda su energía a una velocidad superior a los 130 kilómetros por hora. Me obligó a permanecer en Río Gallegos, todo el santo día, a la espera de que se pudiera transitar. Pero contrariamente a todos los pronósticos, cuando la noche llegó, el viento no paró. Recién, a la madrugada, pude salir. Ahora estoy aquí, en casa, mirando la bahía que se ha evaporado y en la que –para mi sorpresa- ya no solo las aves eligen este lugar para empollar sus huevos y criar sus pichones, sino que, unas yeguas, se han puesto de acuerdo para traer al mundo a sus potrillos. Todo está en calma. El viento ya es historia. La naturaleza sigue su curso. Por suerte, pienso, hay cosas que el hombre nunca va a lograr controlar.

7 comentarios:

  1. Y dices bien: Por suerte...
    Un abrazo!!

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  2. ...Feliz 2011. Nos vemos por los blogs.


    Abrazos.

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  3. que buena calma, que promisorio paisaje, Alberto!

    que bellos paisajes y momentos promisorios abunden en este año! abrazo!

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  4. Por suerte, pienso, hay cosas que el hombre nunca va a lograr controlar.

    Pero sí destruír, en su equivocada y afanosa idea de controlar. Ahora bien: aquello que no destruya se regererará, por fortuna.

    Saludos.

    :-)

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  5. http://www.profesionaldocentesur.blogspot.com/

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  6. Por suerte, la madre naturaleza aún sigue su curso sin depender del control del hombre...

    Saludazos!!

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  7. Cosas que además, cuánto más intente controlar, más fuerte responderán a la omnipotencia humana... casi como diciendo "acá mando yo"

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