Ir al contenido principal

Control

Tenía todo controlado. El plan era muy simple: ir hasta Río Gallegos, hacer noche y, al otro día, partir, a media mañana, para El Calafate. Pero no pudo ser. El hermano viento empezó a soplar de una manera difícil de explicar.

Si no lo vivís, si no lo sentís en el cuerpo, nunca vas a entender lo que es dormirse con esa sensación de que, en cualquier momento, se te vuela el techo.

Complicado esto de expresar lo que es soportar, durante un día completo, al viento, desplegando toda su energía a una velocidad superior a los 130 kilómetros por hora.

Por prevención cerraron la ruta. Lo que me obligó a permanecer en Río Gallegos, todo el santo día, a la espera de que se pudiera transitar.

Pensé que, a la tarde, cuando bajara el sol, iba a amainar.

Contra todos los pronósticos, cuando la noche llegó, no paró ni bajó su intensidad.

Recién, a la madrugada, pude salir.

Ahora estoy aquí, en casa, mirando como el agua de la bahía que se ha evaporado.

Para mi sorpresa, ya no solo las aves eligen este lugar para empollar sus huevos y criar sus pichones, sino que, unas yeguas, se han puesto de acuerdo para traer al mundo a sus potrillos.

Todo está en calma.

El viento ya es historia.

La naturaleza sigue su curso.

Por suerte, pienso, hay cosas que el hombre nunca va a lograr controlar.


Comentarios

  1. Y dices bien: Por suerte...
    Un abrazo!!

    ResponderBorrar
  2. ...Feliz 2011. Nos vemos por los blogs.


    Abrazos.

    ResponderBorrar
  3. que buena calma, que promisorio paisaje, Alberto!

    que bellos paisajes y momentos promisorios abunden en este año! abrazo!

    ResponderBorrar
  4. Por suerte, pienso, hay cosas que el hombre nunca va a lograr controlar.

    Pero sí destruír, en su equivocada y afanosa idea de controlar. Ahora bien: aquello que no destruya se regererará, por fortuna.

    Saludos.

    :-)

    ResponderBorrar
  5. Por suerte, la madre naturaleza aún sigue su curso sin depender del control del hombre...

    Saludazos!!

    ResponderBorrar
  6. Cosas que además, cuánto más intente controlar, más fuerte responderán a la omnipotencia humana... casi como diciendo "acá mando yo"

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Sabor amargo

Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...

Olvido VI

Ella miraba por la ventana. Los rayos iluminaban su rostro y dejaban ver su silueta debajo del camisón blanco. El permanecía sentado en su cama. Su cuarto, en el que había pasado toda su vida, conservaba cada uno de sus recuerdos. Un par de escarpines, que su madre colgó un día en la puerta. El disfraz del hombre araña desplegado sobre una de las paredes. La patineta, que tanto le gustaba usar y con la que un día –al derrapar sobre una cornisa- terminó con un brazo quebrado. Allí estaban, como testimonio de cada momento importante que le había tocado vivir. Todo siempre ordenado, aún hoy -cuando ya había cumplido veintiocho años- por su madre. Ella sonreía. Como agradeciendo el momento que estaban pasando. El, no podía dejar de pensar en como explicarle a sus padres, quien era esa desconocida que ocupaba –casi desnuda- su cuarto. Entonces sintió que llamaban a su puerta ¿Estas bien hijo? Preguntó su madre. Y despertó. Miró a su derredor y todo estaba como si no hubiera estado soñando, ...

Pasado

Horno da barro, confundido en la montaña, disimulas tu existencia. Te mantienes aferrado a la tierra que te dio vida. Los   fantasmas de un pasado que resiste, juegan en tu interior y llaman al fuego que te enciende para alimentar esperanzas...