Dulce companía

Vueltas II

Mañana, cuando parta hacía su pueblo, en donde lo esperan su mujer y sus dos hijas, sabe que más de una noche no dormirá, pensando en ellos. Que a esa felicidad, que inunda su existencia, cuando vuelve a casa, después de tantos meses de trabajo en el sur, solo la perturba, ese temor de que a sus animales les pase algo. Que el invierno sea más duro de lo pensado. Que, como pasó en el 94, la nieve tape hasta los techos de los campos, sepultando todo y que los operativos de rescate se lleven a los hombres y mujeres, dejándolos por semanas solos. Es muy feo, eso de quedarse solo. De estar a la buena de Dios, piensa y la imagen de su familia vuelve a su mente ¿Cuanto tiempo anduvo él a la buena de Dios? ¿Cuanto tiempo lo aguantó su compañera viviendo- si se puede decir a eso vivir- con lo justo? Hasta que vino al mundo su primera princesa. Ya no podía seguir así. Rejuntando miserias para sobrevivir. No era eso lo que él quería y cuando parecía que la angustia lo terminaba arrastrando a lo más profundo de ese pozo del que no sabía como salir, surgió esta oportunidad. Un tío, que él no recordaba, lo mandó a buscar. Mire m`hijo, hay trabajo con sueldo y obra social, casa y comida y lo demás lo pone usted, le dijo. Y él, que se había pasado toda su vida en el campo, haciendo de todo un poco, lo único que no entendió fue la palabra sueldo. 

4 comentarios:

  1. así es como es, a veces.

    me gusta como describes a este buen tipo, Alberto. Aquí ando, colgada al menester de su vida. me gusta como busca la felicidad, con esa calma.

    abrazo

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  2. Me gustaría buscar y encontrar la felicidad como éste que decribes en tu texto.
    Hombres así, con ese espiritu, quedan muy pocos....si es que queda alguno..

    Genial.
    Besos

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  3. La felicidad, a veces, es así de sencilla.
    Un abrazo!!

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  4. es que dejar el hogar, por mas tentados que nos encontremos, no es la alternativa lógica. La desesperación es mala consejera. UN ABRAZO

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