Dulce companía

Vueltas

Hacía mucho frío. Hubiera querido quedarse un poco más entre las sabanas. Afuera, el sol, también se negaba a aparecer. Claro, ya estamos en mayo, los días se acortan y uno –entre el frio y la falta de sol- estira un poco su descanso. Afuera, todo está calmo. Los perros esperan en su refugio  que la casa despierte. Solo queda una jornada más de trabajo y ya podrá irse. Fueron cuatro días de duro trabajo. Juntar las vacas y llevarlas hasta el potrero, podría decirse que fue lo más complicado. No saben lo que es meterse en esa esta vega que bordea el río y en la que uno no sabe en que momento se hunde entre las bardas con caballo y todo. Pero es también lo que más se disfruta. Cabalgar entre estas soledades. Sin espacio ni tiempo que te imponga obligación alguna. Solo dejarse andar. Respirar bien fuerte a veces, para espantar la nostalgia. Para no dejar que ese vacío se llene de recuerdos. Para centrarse y no perder la chaveta, como dicen en el pueblo. Es ese, tal vez, el único esfuerzo que se le exige. Lo demás, parece ya programado. Su caballo, va y viene desde el casco de la estancia, como en automático. Y pensar que mi patrón, con tremendo GPS en su camioneta, más de una vez se ha confundido de huella y ha terminado dando vueltas, sin sentido, por el campo, piensa. Está orgulloso de su caballo, como lo está de sus perros. Cuando está solo con ellos, se siente como un rey. Su caballo y sus perros, están a su servicio. Lo hacen todo bien. Y él, como buen monarca, les corresponde también como debe ser. Buen alimento, un buen refugio, nunca exigirles más de lo que pueden dar. Confía en ellos y se siente querido por ellos.


3 comentarios:

  1. Me han gustado esos animales fieles y que son buena compañía en ese texto...bss

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  2. y respirar bien fuerte.

    qué buen pintor de gente de campo sos!
    siempre me quedo mirando lo que pintas con tus letras.

    un abrazo!

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  3. Habrá que acostumbrarse a incorporar las nuevas tecnologías a los relatos. ¡Qué raro se me hace leches!

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