Hay pancito criollo, me dice, venga acérquese, vamos a tomar unos mates. Cuando se camina por la calle principal de Corral Quemado, el perfume de los hornos de barro lo invade a uno y se activa de alguna manera esa memoria ancestral, que despierta recuerdos de tiempos remotos de una existencia –que por mas que no haya sido real- sigue como alojada en algún lugar de nuestra memoria. El aroma del pan asándose, el de las ramas de jarilla que se usan para cubrir la tapa del horno y ese gustito a copa que tienen los mates cebados, no se consiguen en otro lugar, para disfrutarlos hay que volver -aunque sea de pasada- a este remoto lugar en el norte catamarqueño.
¿Pero acaso crees que se puede vivir así? Dijo, medio como murmurando para sí, tomó otro trago de vino, apoyó las palmas de sus manos sobre la mesa y con un gesto amenazador y ante la mirada distraída de ella, levantó un poco más la voz ¿De donde sacaste esa idea de que hay que ver el día a día? ¿Qué acaso tengo que estar rindiendo examen cada minuto de nuestra existencia? No, no querida, esto no va a funcionar así. O te comprometes conmigo hasta que la muerte nos separe o esto se termina acá, justo en este preciso momento. Iba a agregar algo más, confiado de que sus palabras estaban encauzando la relación, cuando ella se paró, dio una media vuelta y se marchó.
Uhm Todavía no he desayunado y me ha gustado imaginar ese olor saliendo de los hornos...¡qué rico! Besos y buen domingo
ResponderBorrarme he comido este pancito con el desayuno. siempre relatas cálido y simple como el pan.
ResponderBorrargracias por esas fotos, además.
un abrazo
Qué fotos copadas que ponés y me gusta cómo complementan al texto-
ResponderBorrarHorno de barro, ramas de jarilla, mate y la cordialidad mansa del norte. Qué lindo convite que te hicieron! Disfruté las fotos de Catamarca. Gracias. Un saludo
ResponderBorrarPor un momento
ResponderBorrarhe olido a pan
recién hecho,ese
aroma del horno
de leña, todo
el amor que disfrutaba
en el hogar de mis
padres y mi abuela.
Besos
Ésto es muy lindo además de rico, encierra todo un ritual. Nosotros teníamos un horno de barro que yo hice con mis manos y lo usamos durante varios años. Hacíamos principalmente pancitos que mi mujer amasaba. Lo tenemos planeado volver a construir, ya que lo tuvimos que sacar para ampliar la casa...hay mucho espacio, en cualquier momento. Un abrazo y muchas gracias por compartir estas cosas.
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