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Sabor a mar (Final)

Después venía la distancia. Caminar juntos hasta la costa y una vez allí, ella se quedaba con su cámara en la mano esperándolo. Dejó de temer por las olas que lo podían mojar. De a poco perdió ese miedo a que el mar un día se lo llevara definitivamente. Se sacó de encima esa tensión que el esperarlo le ocasionaba. Superó la tentación de bajar a acompañarlo, de recostarse a su lado e intentar sentir algo de eso que el tan apasionadamente le contaba que sentía. Un día como si nada tomó su cámara y empezó de nuevo a sacar fotos a las gaviotas, a los lobos, los cormoranes, los barcos y a ese bicho raro que se obstinaba en permanecer tan cerca del mar escuchando sonidos que sus ojos no podían ver. 

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