Ella, no entendía de sonidos ni de composiciones musicales, solo miraba y lo dejaba hablar, esperando volver a la cama, para poder saborear ese aroma a mar que él desprendía de su cuerpo, que, como un afrodisíaco perfume, le despertaba sentimientos que nunca antes había sentido. Sabía a mar y ella, que acostumbrada a respirar esos aromas desde la distancia costera, de pronto se encontró sumergida en lo más profundo de esa existencia, que se le ofrendaba como un gran océano para navegar.
0 Dicen:
Publicar un comentario