Dulce companía

Un lugar

No todos saben darse un lugar en este mundo, dijo y se refregó el mentón de ese rostro pensativo. El frío parecía arraigado en la habitación en la que lo habían internado y a la que concurrí a visitarlo apenas me enteré de su estado. Yo, no sólo no sé sino que nunca me propuse hacerme un lugar, agregó en un tono pausado y reflexivo que no acostumbraba a usar. Después hizo un largo silencio que yo acompañé indulgente. Pensé en decirle que no había razón para se propusiera terminar así su existencia, pero no lo hice. Me quedé callado. Cuando se quedó dormido, me paré y me fui, pensando en cuál será mi lugar en este mundo.

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