El descanso ha sido reparador. El desayuno acorde par afrontar una jornada intensa. Al margen de ello vamos a preparar una vianda, para no exigirnos en las diez horas de caminata que nos esperan. Asomo por la ventana y veo caer copos de nieve que flotan en el aire como ceniza. Es temprano y la temperatura no supera los dos grados sobre cero. Cuando llegue a cuatro grados partimos, digo, como para darme entusiasmo. El cielo esta cubierto por una nube gris y no muestra ningún síntoma de que vaya a cambiar. Teníamos el propósito de caminar hasta la Laguna de los tres para aproximarnos al Monte Fitz Roy. Los setecientos metros de desnivel que tendremos que ascender son –por ahora nuestra principal preocupación. Ya estamos parados frente al cartel que nos indica hacia donde vamos. Para sorpresa nuestra, muchos han partido ya.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
Espero que entre la Madre Roca i el Padre Cielo, encontreis en es excursión un Hijo Sendero, o un Hermano Sol. sin bromas. Os envidio sanamente!.
ResponderBorrar