Llegó apurada al aeropuerto. La empleada de la aerolíneas le
puso mala cara. Solo equipaje de mano, aclaró y le pasó su documento de
identidad. 13C y ya están embarcando por puerta siete dijo la empleada, como recordándole
que había llegado tarde. Apuró el paso y escucho que por el altavoz la nombraban.
Subió al avión y caminó hasta su lugar. Le costó acomodar el bolso de mano en
portaequipaje, pero pudo hacerlo. Hola ma, me voy unos días afuera, cuando
vuelva te llamo, todo bien, escribió en un mensaje de texto, lo envió y apagó
el teléfono. Abrió la cartera y revisó
de nuevo al vouchert del hotel. No había sido complicado hacerlo. Apenas tuvo
la confirmación del destino que ese hombre buscaba, mientras emitía los boletos
y confirmaba el hotel para él, -casi simultáneamente- confirmo su pasaje y su
alojamiento, en el mismo vuelo y en el mismo hotel. Sentado en la butaca sobre
ventanilla, un hombre de unos cuarenta años, leía un libro. Y si es este,
pensó, no, no creo, sería demasiada casualidad. Levantó la vista y vio a muchos
hombres más que parecían viajar solos. Tengo que estar tranquila, se dijo para
si misma -mientras el avión comenzaba a moverse en la pista- no estoy huyendo
de nada, ni de nadie, solo estoy tratando de cumplir con ese deseo que siempre
albergué, eso que me mantuvo de pie hasta en los momentos más complicados, eso
que me pide, me suplica y incluso a veces me exige, decidirme a salir a ver si
me puedo encontrar de una vez por todas en esta existencia. No alcanzó a
escuchar las indicaciones de seguridad de la azafata y se durmió profundamente.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
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