Dulce companía

Relación VIII


Encendió la computadora, abrió el correo de la agencia: treinta y dos consultas. ¿Cómo hace la gente para vivir viajando? se preguntó. Cuando más complicado estaba todo, más se incrementaban las consultas. Viajes cortos, aprovechar el feriado, promos de algún destino exótico, cualquier cosa y su bandeja de mails se llenaba de consultas. Escaparse, eso era lo que la gente hacía. Escapada, tal vez era eso lo que ella estaba necesitando. ¿Huir? No, no era eso lo que quería o por lo menos lo que creía querer. Suena el teléfono. Clarita le pasa una llamada. Atiende. La voz no le dice nada. Otra de esas tantas consultas telefónicas que casi siempre quedan en nada. ¿Alguna promoción single? Si, tenemos varias alternativas, dice, mientras se acomoda el pelo, como si el del otro lado del teléfono pudieran verla o como si estuviera en una videoconferencia. ¿Aceptan tarjeta? Si, dice, trabajamos con todas las tarjetas y su voz ahora suena como endulzada, con un ritmo más lento, como si estuviera –en un encuentro íntimo- confesando un oscuro secreto. Puede reservar on line o si gusta puede pasar por nuestras oficinas, agrega y por su mente pasa la imagen de ese desconocido acercándose lentamente a su escritorio.

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