Dulce companía

Salida

Permanece con los dientes apretados, necesita hablar con alguien. Los muertos también traicionan, piensa y hace una arcada, como si fuera a convulsionar.
El enfermero ni lo mira. Tiene toda su preocupación puesta en completar una planilla antes de entregar el turno.
Es de madrugada y él sabe que esa es la hora predilecta de los traidores. Esperan el sueño profundo de sus víctimas para delatarlos. Y los sueños más profundos son al amanecer.
Debo mantenerme despierto, dice medio balbuceante. La mujer que viene a hacerse cargo de la guardia no parece enfermera. Recibe la planilla y hace un paneo con la mirada de la sala fría en donde puede ver a los tres pacientes que entraron esa noche. Detiene su mirada en él, O por lo menos eso parece desde donde él la mira.
La sala tiene una sola salida, piensa y se queda dormido.



Un lugar

No todos saben darse un lugar en este mundo, dijo y se refregó el mentón de ese rostro pensativo. El frío parecía arraigado en la habitación en la que lo habían internado y a la que concurrí a visitarlo apenas me enteré de su estado. Yo, no sólo no sé sino que nunca me propuse hacerme un lugar, agregó en un tono pausado y reflexivo que no acostumbraba a usar. Después hizo un largo silencio que yo acompañé indulgente. Pensé en decirle que no había razón para se propusiera terminar así su existencia, pero no lo hice. Me quedé callado. Cuando se quedó dormido, me paré y me fui, pensando en cuál será mi lugar en este mundo.

Garza bruja

Cuando me cruzo con la garza bruja, no puedo evitar preguntarme, cuánto tendrá de garza y cuánto de bruja. Cuando está quieta, camuflada entre los arbusto que crecen en la costa de la bahía y me mira, desafiante e inmutable, veo en ella la bruja, que me vuelve vulnerable y que puede sortear cualquier defensa que haya construido, incluso, atravesar mis sueños más inquietantes. Cuando levanta vuelo, veo más a la garza. Y creo ver también como el hechizo de sus alas se despliega inocente. No sé cuál de ellas, si la garza o la bruja, hace que imagine cosas que no son para contar en este momento.

Repetirse

Repetir era la única manera de aprender que nos ofrecía la escuela. Estudiar de memoria y repetir era, y tal vez lo siga siendo, la forma de avanzar en el sistema educativo con la esperanza de algún día ser alguien en la vida. No fui un buen alumno en ese ni en otros sentidos que no viene ahora al caso recordar. Es más, en la secundaria, me pasé de rosca y repetí un par de años en los que me negué a presentarme a los exámenes que el sistema de ofrecía para –en caso de aprobarlos- pasar de año. No me acostumbré nunca a repetir. Y no sé bien porqué últimamente el tema me empezó a dar vueltas. Sueño que me repito incansablemente en uno de los tantos roles que he desempeñado en esta vida y que –no sin esfuerzos- he ido abandonando sistemáticamente. Repetirse es morirse, leí alguna vez. Pero no es la muerte lo que me preocupa.