Dulce companía

Variaciones



Andar y desandar, darse a si mismo la oportunidad de entrar, de salir y de volver a entrar, de jugar y dejar que la realidad juegue con eso que ya no necesitamos controlar…

Transiciones

Salir con la maquina de mirar, bajarse y caminar, girar y girar.  Aceptar mi insignificancia, confiar la  mirada a la inmensidad.

Percepciones

A veces, la realidad,  se degrada y nos confunde. Otras, se ilumina y nos deja ver lo que necesitamos ver, lo que alivia o aliviana nuestra fugaz existencia...

Contemplaciones


Me dejo esperar, me quedo como en pausa, mi mente está despejada, ya no quedan ni rastros de esos sueños que a veces me  atormentan. Puedo estar  así –en esta mañana- en sintonía con el paisaje…

Relación (final)


Llegó apurada al aeropuerto. La empleada de la aerolíneas le puso mala cara. Solo equipaje de mano, aclaró y le pasó su documento de identidad. 13C y ya están embarcando por puerta siete dijo la empleada, como recordándole que había llegado tarde. Apuró el paso y escucho que por el altavoz la nombraban. Subió al avión y caminó hasta su lugar. Le costó acomodar el bolso de mano en portaequipaje, pero pudo hacerlo. Hola ma, me voy unos días afuera, cuando vuelva te llamo, todo bien, escribió en un mensaje de texto, lo envió y apagó el teléfono.  Abrió la cartera y revisó de nuevo al vouchert del hotel. No había sido complicado hacerlo. Apenas tuvo la confirmación del destino que ese hombre buscaba, mientras emitía los boletos y confirmaba el hotel para él, -casi simultáneamente- confirmo su pasaje y su alojamiento, en el mismo vuelo y en el mismo hotel. Sentado en la butaca sobre ventanilla, un hombre de unos cuarenta años, leía un libro. Y si es este, pensó, no, no creo, sería demasiada casualidad. Levantó la vista y vio a muchos hombres más que parecían viajar solos. Tengo que estar tranquila, se dijo para si misma -mientras el avión comenzaba a moverse en la pista- no estoy huyendo de nada, ni de nadie, solo estoy tratando de cumplir con ese deseo que siempre albergué, eso que me mantuvo de pie hasta en los momentos más complicados, eso que me pide, me suplica y incluso a veces me exige, decidirme a salir a ver si me puedo encontrar de una vez por todas en esta existencia. No alcanzó a escuchar las indicaciones de seguridad de la azafata y se durmió profundamente.

Relación VIII


Encendió la computadora, abrió el correo de la agencia: treinta y dos consultas. ¿Cómo hace la gente para vivir viajando? se preguntó. Cuando más complicado estaba todo, más se incrementaban las consultas. Viajes cortos, aprovechar el feriado, promos de algún destino exótico, cualquier cosa y su bandeja de mails se llenaba de consultas. Escaparse, eso era lo que la gente hacía. Escapada, tal vez era eso lo que ella estaba necesitando. ¿Huir? No, no era eso lo que quería o por lo menos lo que creía querer. Suena el teléfono. Clarita le pasa una llamada. Atiende. La voz no le dice nada. Otra de esas tantas consultas telefónicas que casi siempre quedan en nada. ¿Alguna promoción single? Si, tenemos varias alternativas, dice, mientras se acomoda el pelo, como si el del otro lado del teléfono pudieran verla o como si estuviera en una videoconferencia. ¿Aceptan tarjeta? Si, dice, trabajamos con todas las tarjetas y su voz ahora suena como endulzada, con un ritmo más lento, como si estuviera –en un encuentro íntimo- confesando un oscuro secreto. Puede reservar on line o si gusta puede pasar por nuestras oficinas, agrega y por su mente pasa la imagen de ese desconocido acercándose lentamente a su escritorio.