Puede ser solo un intento. Quizás el último de los tantos
que hice en esta búsqueda de lo que parece inhallable. No lo hago con esa
voluntad de quien se anticipa derrotado. Tampoco con la fuerza de aquellos
tiempos en los indagaba con pasión. Voy tanteando en la oscuridad, sintiendo en
mis manos las formas de lo irreconocible, ya sin el temor de otros tiempos en
los que me estremecía ante lo desconocido. Las yemas de mis dedos presienten una
vibración que mi memoria transforma en imágenes. No es un sueño, no. O por lo
menos eso creo en este momento.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
Nunca es el último intento. Siempre es el penúltimo
ResponderBorrarUn abrazo