Dulce companía

La seguí

No te olvides de salir, dijo, en un tono que sonó a sentencia. No podes vivir encerrado leyendo. El mundo no está en los libros, el mundo está afuera y el afuera te exige salir, insistió. Pensé en contarle de un hermoso viaje que había hecho leyendo una novela de la Restrepo, que había estado en otro país, con otros paisajes y otras gentes, que ella –en su afán de andar afuera- jamás conocería, pero desistí de hacerlo. Preparé el termo, la mochila –metí dos libros sin que se diera cuenta- y la seguí.


1 comentario:

  1. Son distintos modos de viajar. Ninguno de ellos puede sustituir al otro, pero sí pueden complementarse.

    Un abrazo

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