Se multiplican los témpanos. La calma es absoluta. Se multiplican también las aves en la bahía. El clima es de fiesta. Incluso la presencia de algún carancho no desentona, le imponen un ritmo distinto al paisaje. Los teros, con su alboroto, los alejan de sus incipientes nidos. El invierno parece haber quedado definitivamente atrás. Vivo en una ciudad, frente a un lago, por el que –como naves de hielo milenario- transitan hasta confundirse con él, desprendimientos glaciarios.
Cansado de juntar retazos de sueños, en un rompecabezas imposible de armar, me dispuse a dormir de otra manera. Si, voy a dormir para soñar y recordar todo, me dije. Terminé la lectura de La Insoportable levedad del ser , de Milan Kundera , un libro que te quita el sueño y me dispuse a descansar. Soy de dormir corrido, pero a medianoche desperté. Lo primero que hice fue pensar en lo que había soñado y no recordaba nada. No puede ser. Siempre soñamos algo. “No es tan fácil soñar como un todo, los sueños son fragmentos por naturaleza. Si te propones soñar como un todo terminas soñando nada. Porque solo la realidad puede ser percibida como un todo. O sueñas o vives tu realidad.” Mientras dormitaba, la voz insistía en darme este mensaje. Ahora dudo si realmente estuve despierto.
Comentarios
Publicar un comentario