Me dejé llevar. No voy a negar que –aunque sea por un momento- creí en ella. Me tomó de la mano una tarde de esas en la que –aunque llovía torrencialmente- yo sentía el sol sobre mi piel. Debe haber sido el calor de sus manos, o la forma en que me miraba, o la firmeza de sus palabras. Me dejé llevar y a hora no sé como volver.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
Ya es tarde para volver...
ResponderBorrarBesos.
A veces algo superior nos puede y no podemos luchar contra ello....Besos de viernes
ResponderBorrarotra fotografía espectacular
ResponderBorrar:)
pues no vuelvas...
ResponderBorrar:)
Nada mas sanador que sentir eso de dejarse llevar! Y si es así, no hay necesidad de volver...¿Volver adonde?
ResponderBorrarAbrazo!
Los riesgos de dejarse llevar...
ResponderBorrarSaludos!
pero... querés volver?
ResponderBorrarsin permiso... igual que como te fuiste... regresa.
ResponderBorrarMe encanto la pic!!!!!!!
...
ResponderBorrarYo me dejo ir con tus imágenes.
Me impactó el post de NADA, tal vez me proyecté.
Saludos y un abrazo para ti.
Mafalda