Dulce companía

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Despreocupado, silencioso, como sin rumbo. Acostumbrado a transitar sin brújula mí inexplicable existencia, a permanecer cerca de la costa pero sin sentirme tentado a amarrar mí destino a sus pobres matorrales. Así anduve un tiempo que no puedo mensurar por esa loca costumbre de no tener calendario. La deriva fué mi seguridad. No lo esperé, ni siquiera pude imaginar que una fría mañana de invierno iba a quedar congelado en esta imagen que habla más de lo que fui que de lo que añoraba ser.


2 comentarios:

  1. No sé si es bueno observar qué fuimos. Quizá sea positivo hacer algún repaso rápido, pero corremos el riesgo a congelarnos en la contemplación. Es difícil seguir camino así.

    Un abrazo

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    1. Es dificil seguir el camino asi...Tal vez ese sea el deafío...

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