Ir al contenido principal

Hay días...

Hay días en los que el tiempo se me escurre de las manos, que cada minuto pasa como pasa el viento, que termino la jornada como si nada significativo me hubiera sucedido.

Y hay días en los que, cada segundo, es un milagro.


Comentarios

  1. Son los mejores, ¿verdad? Esos días son los que hay que aprovechar primero y atesorar después.

    Un abrazo

    ResponderBorrar
  2. Tan solo nos interrumpe la noche, el sueño, ese momento de inconciencia que hace que un rato sea distinto a otro rato...

    A veces venir hasta acá me suena a un remanso...

    Abrazo

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

A veces

Hay esperas que calman. Y hay veces en los que, la calma, nos desespera…

Padre cielo XVII

No ha sido fácil levantarse. Las tapas de entrada y el guiso de lenteja rociado con un malbec hicieron lo suyo para que mi sueño tuviera una profundidad que no le conocía. Desayunamos y nos preparamos para regresar. Antes damos una vuelta y nos encontramos con esta hermosa construcción que oficia de templo de Dios. El Dios del colonizador, que ha decretado por los siglos de los siglos la vigencia de este espacio como el lugar en donde lo espiritual puede trascender. El templo artificial a los pies del templo natural. Pienso en todo lo que el hombre a destruido para imponer a su Dios y en lo noble y generosa que se nos ofrece la madre naturaleza como santuario para que nos demos una oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos. Levanto mis ojos hacia la montaña y agradezco, no de rodillas, de pie, este ritual me quiere caminando.

Sabor amargo

Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...