Dulce companía

Una mano


Como líneas paralelas, sin un punto de encuentro, el proceso político local y el conflicto social, se vienen desarrollando desde los primeros días de marzo. Y esto pasa, no porque no hayan existido esfuerzos de parte de los docentes en conflicto o de los padres por acercarse a los actores políticos, que excepcionalmente fueron atendidos en Concejo Deliberante, lo que no alcanzó para asegurar que nuestra dirigencia política lo haya incorporado a su agenda de prioridades.

Desde el lado municipal, aparece nuestro Intendente, intentando salvar la ropa de su candidato “oficial” que no dio la cara ante el reclamo de los docentes y que terminó rechazando con su voto en la legislatura la propuesta realizada por mas de setecientos padres de la localidad que le pedían que votara a favor de que el gobierno acceda a discutir en paritarias con los docentes.

Diputado esta?

No, está adjudicando terrenos, como parte de su campaña electoral. Es la respuesta que encuentran los vecinos, que buscan una respuesta de nuestro representante legislativo y no solo no encuentran respuesta, sino que no encuentran a nuestro diputado.

Es en ese contexto en donde las cosas para el legislador candidato a Intendente, se le comienzan a complicar, ya no hay manera de mirar para otro lado, hay que comenzar a hacerse cargo de las decisiones que se toman y de las que no se toman, pero que se acompañan con el silencio.

Costo político

Muchas especulaciones sobre el costo político que Osorio paga en este conflicto. Algunos pensaron que no diciendo nada, iba a hacer “la gran sola” y pasarla bien, pero la cosa no resultó tan fácil. Tampoco es el mejor remedio, que Gestor Méndez salga a defenderlo y a intentar justificar de cualquier manera la conducta del “representante legislativo”.

“Mira que entre los padres y docentes hay muchos que nos deben favores” comentaba entre molesto e indignado un funcionario municipal. “Ya van a venir por los vivifate, los viviplan, por un terrenito y ahí volvemos levantar” se consolaba otro. Lo cierto es que los sesenta días de conflicto dejaron su huella en la política local y que estos seis meses que quedan hasta las elecciones no alcanzar para que la bronca e indignación de muchos de nuestros vecinos cicatrice, por mas de que desde el municipio tiren manteca al techo.