Pero la vida siguió igual, sin que nada lo hiciera pensar en que algo podía cambiar. La angustia le recorría el cuerpo mientras manejaba rumbo a la comisaría. Lo último que le podía pasar era esto, que por un olvido, le pasara algo a su hija. Albergaba en ella la esperanza de que un día rompiera el lazo que entre su madre y su esposa construían a su alrededor, dejando muy poco margen para que él pudiera intervenir. La idea de que su hija quedara atrapada en ese circulo vicioso que su esposa tan bien replicaba y que su madre arrastraba orgullosa, lo aterrorizaba. La idea del divorcio llevaba más de cuatro años dando vueltas en su cabeza. Estaba dispuesto a sacrificar su casa, el estudio, incluso a perder a sus padres, que nunca avalarían en él una decisión así. Pero no daba ese paso por miedo a perder a su hija. Voy a tomar ese pasaje y retomo dos cuadras más allá, por la principal, pensó y de un volantazo giró a la derecha, soportando el bocinazo del colectivero que justo iniciaba la marcha cargados de pasajeros. Puso tercera y aceleró. Lo último que alcanzó a ver –antes de impactar- fue un cartel pintado sobre la caja de un inmenso camión que decía Mudanzas Don Pepe.
Se levantó con pocas ganas. Escupió el primer mate, aunque siempre acostumbraba a tomarlo. El gusto amargo del agua -demasiada caliente- se le quedó dando vueltas en la boca y para eso había un solo remedio, otro mate. Ahora si podía decir que estaba despierto. La imagen de su madre colgaba en un cuadro sobre una pared toda amarillenta. La miró y no dijo nada. Acostumbraba a conversar con ella mientras mateaba. A contarle sus planes entre los que siempre aparecía la idea de algún día volver a verla. Imaginaba que bajaba del mismo tren en el que un día partió y que ella lo esperaba con los brazos abiertos y con una sonrisa igual a la foto. Para vos no pasan los años mamá le decía y ella sonreía. Pero hoy no tenia ganas de hablar. Tal vez sería la lluvia a la que nunca se terminó de acostumbrar o los mates cebados demasiados calientes que les refregaban el paladar. Se vio –una vez más- bajando del tren que lo trajo desde su provincia, directo a trabajar en la reparación de vías. Esas mi...
sugestivo, me gusta, y me encanta esa foto.
ResponderBorrarTriste...pero tan bello relato.
ResponderBorrarla imagen fabulosa. Besos!!
Qué trágico. "Don Pepe" es muy andaluz.
ResponderBorrarMuak
Fuerte tu relato. Hermosa la foto. Un abrazo!
ResponderBorrar...
ResponderBorrarSe va cerrando el círculo del relato.
Espero el desenlace.
A veces me siento frustrada cuando un personaje encuentra una salida muy diferente a la desición con convicción, sin que se la muerte una llave o una salida.
Saludetes para ti.
Mafalda
...
ResponderBorrarA lo que me refiero es que me gusta ver las consecuencias de las desiciones.
: )
Mafalda
Me gustó el final inesperado.
ResponderBorrarMuy bueno, y muy complicado el tema de los hijos de padres separados (o que deberían estarlo).
Saludos!
pero... todo eso por desear ser feliz? mecachendié!
ResponderBorrareste recreo de susencia, no me alivia el dolor que este olvido en capítulos me causa.
me ha colgado otra vez de él!
ah, si....todas las fotos son preciosas de una y otra forma.
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