Dulce companía

No lo pienses más

Caminó tres cuadras sin rumbo. Con un frío que penetraba en su cuerpo hasta los huesos. Encendió un cigarrillo y –casi como un reflejo- comenzó a toser. Si no deja de fumar su problema pulmonar puede complicarse, le había dicho el medico. Estoy en eso doctor, fue su respuesta, sabiendo que no estaba haciendo nada. Confió en usted, ya sabe que como paciente no ha sido el más disciplinado y que de nada sirven mis cuidados si usted no pone algo de esfuerzo. Escuchó resignado. Estaba en uno de esos días en los que –si no fuera por el frío- no sentía su cuerpo. El caminar lo aliviaba.  Cada tanto respiraba profundamente por la nariz y aguantaba el aire por varios segundos. De lejos se podía ver el vapor que desprendía por su boca. Volvió a toser. Apagó el cigarrillo. Se frotó las manos y sintió como si el sudor le flotara entre los dedos. Ya falta menos, llego a casa y me meto en la cama. Este, es el último invierno que lo paso acá. Pensar que vine solo por tres meses.

Calma

A veces, cuando buscas calma, lo mejor es ir hacia la tormenta...

Plantado

Dijo que volvería. Que la esperara. Que su ausencia no se prolongaría más de lo necesario. Que no iba a dejar de pensar en él. Que todo lo que habían imaginado juntos –a su regreso- sería posible. El, imaginó la espera como una pausa en su existencia. Construyó para si un mundo en el que el tiempo no existía.  Alimentó la espera con todo lo que tenía hasta que devino en esperanza. En el barrio todos sabían que lo habían dejado plantado.

Olvido (Final)

Tranquilo mi amor. No hagas ningún esfuerzo. Todavía estas bajo los efectos de los sedantes. Cuando logró que sus ojos vieran claramente, quiso cerrarlos de nuevo. La sala era amplia. Con un brazo y una pierna enyesados, estaba como momificado. No logramos explicarnos que te pasó, dijo su madre, en un tono de reproche. Menos mal que fue contra un camión de mudanzas y que no hubo que lamentar victimas. Giró un poco la vista y la pudo ver. Su hija parada al lado de la cama. Eso lo alegró. Intentó hablar y ahí se dio cuenta de que una sonda ingresaba por su boca. Tranquilo mi amor, volvió a decirle su esposa. Todo va estar bien. Dicen los médicos que con rehabilitación en dos años podes volver a caminar. Las chicas del estudio te mandan saludos y dicen que te cuides, que en la oficina todo va a seguir funcionando como si vos estuvieras ahí. Nosotras ya nos tenemos que ir. Viste como son las terapias intensivas, quince minutos por turno y no dan un segundo de más. La doctora que te atiende es amorosa, me dijo que apenas pueda, te pasa a sala común, para que estemos más tiempo juntos. Todos han sido tan buenos. Para nosotras ha sido una prueba de fuego, pero acá estamos, más unidas que nunca. Viste esa frase que siempre usabas con los clientes de que ante una dificultad un tiene que buscar la oportunidad, bueno, creo que somos tus mejores alumnas. Esto que te ha pasado nos da la oportunidad de demostrarnos cuanto te queremos. Cerró los ojos lentamente y en su mente quedó como congelada la imagen de su madre, su esposa y su hija, abrazadas, con lagrimas en los ojos, junto a su cama.

Olvido XVI

Se vio llegando a la escuela de la mano de su madre. Esperando en el patio, mientras ella hablaba con la maestra. No se que va a decir tu padre cuando le cuente que vas a tener que rendir matemáticas, le decía, mientras caminaban rumbo a su casa. Es lo último que nos podes hacer, insistía ella, ante su persistente silencio. Todo lo que hacemos es pensando en vos, en que tengas una vida mejor. No te das cuenta lo difícil que está todo. Como vas a ser contador si andas mal en matemáticas. Aunque tu padre no te lo diga, el sueño de su vida es que un buen día su hijo –ya recibido- continúe la historia familiar del Estudio Contable, como lo hizo él con tu abuelo. Pero a vos se ocurre andar mal en matemáticas. No se como se lo voy a contar a tu padre. Mejor no le digo nada. Le voy a ahorrar una amargura. Voy a llamar a Marita para que te de clases de apoyo y seguro que recuperas. Levantó la vista y vio a su madre que lo llevaba como amarrado a su sudorosa mano y que no paraba de hablar.

Olvido XV

Pero la vida siguió igual, sin que nada lo hiciera pensar en que algo podía cambiar. La angustia le recorría el cuerpo mientras manejaba rumbo a la comisaría. Lo último que le podía pasar era esto, que por un olvido, le pasara algo a su hija. Albergaba en ella la esperanza de que un día rompiera el lazo que entre su madre y su esposa construían a su alrededor, dejando muy poco margen para que él pudiera intervenir. La idea de que su hija quedara atrapada en ese circulo vicioso que su esposa tan bien replicaba y que su madre arrastraba orgullosa, lo aterrorizaba. La idea del divorcio llevaba más de cuatro años dando vueltas en su cabeza. Estaba dispuesto a sacrificar su casa, el estudio, incluso a perder a sus padres, que nunca avalarían en él una decisión así. Pero no daba ese paso por miedo a perder a su hija. Voy a tomar ese pasaje y retomo dos cuadras más allá, por la principal, pensó y de un volantazo giró a la derecha, soportando el bocinazo del colectivero que justo iniciaba la marcha cargados de pasajeros. Puso tercera y aceleró. Lo último que alcanzó a ver –antes de impactar- fue un cartel pintado sobre la caja de un inmenso camión que decía Mudanzas Don Pepe.



Olvido XIV

Su madre, su esposa y su hija estaban de lleno metidas en su existencia. El, como un espectador de teatro a veces y otras simplemente como un asistente de utilería, veía desarrollarse un guión del que no participaba. Este domingo podríamos hacer otra cosa, le dijo una mañana, mientras desayunaban y ella –sin mirarlo- mientras le preparaba una tostada con manteca a su hija, contestó: ¿que estas insinuando? ¿Vas a dejar a tus padres solos un domingo? Ni se te ocurra, con todo lo que ellos hacen por nosotros. Su madre retiraba al mediodía a su hija de la escuela. Le preparaba el almuerzo. Le ayudaba con las tareas y la dejaba mas tarde en el instituto de ingles, de donde ellos la pasaban a buscar. Los sábados salían las tres juntas de shopping y casi siempre volvían tarde. Hoy vimos una hermosa película. No sabes lo caro que está todo. Nos encontramos con la esposa del Contador Gonzáles y tomamos la merienda juntos. Estoy tan cansada ¿Te preparo algo para cenar? El, tirado en el sillón,  cambió una vez más de canal. Apretó el botón del control remoto y por su mente volvió a pasar la idea de hacer clic en mute y de que ella callara. Hacer clic y que su vida cambiara.

Olvido XIII

Salida suspendida, decía el mensaje de texto que envió a sus amigos, luego de que su madre le dijera al oído: no vas a dejarla sola, justo hoy, en un momento tan especial. El cumpleaños pasó a segundo plano. Todo comenzó a girar de nuevo en torno a ella. Seguro que es nena, dijo su mamá y ella asintió. Su padre tenia dibujada en el rostro una sonrisa que el no le conocía. Se quedaron charlando hasta tarde los cuatro juntos. No hace falta que vayas a la oficina, dijo su padre, haciendo con ella una concesión que a él nunca le había otorgado. Estoy embarazada, no enferma dijo ella y todos sonrieron aprobando la ocurrencia. A al semana veinte, ecografía mediante, llegó la noticia de que sería una nena y su madre que los acompañaba a todos los controles, se puso a llorar de emoción.  Pensaron que se iba a desmayar, pero no, respiró profundamente, contuvo el aire en sus pulmones, levanto su mirada como mirando el cielo –aunque solo se podía ver el techo del consultorio- y dijo: este es un regalo de Dios, yo sabía que El, de alguna forma me iba recompensar y se confundió con ella en un fuerte abrazo.

Olvido XII

Cuando llegó a su casa, estaba todo preparado. La única diferencia con otros cumpleaños la aportaba su esposa. Junto a su madre, las dos paradas en la puerta, lo esperaban sonrientes. Feliz cumple hijo, dijo su madre y le entregó un regalo. Un hermoso pulóver, como las otras prendas que le acostumbraba regalar. Ella lo tomó del brazo y lo acompañó hasta la mesa. Todo muy simple. Una torta, con dos velas numéricas que destacaban los treinta años. Su padre sentado en el frente, se paró a saludarlo. Este gesto –que solo se daba para su cumple- era para él muy importante. Esto no va a durar más de una hora, se dijo para si mismo, después salgo y me veo con Martín y Pepe, que seguro me han organizado un festejo en serio. Sonriente se dispuso a cumplir con el ritual. Su madre encendió las velas. Su padre preparó la cámara fotográfica para dejar testimonio de este momento. Sopló las velitas de los treinta y todos cantaron el cumpleaños feliz. Después vino un silencio. Y ella se acercó lentamente. Llevaba algo en la mano. Pensó que le iba a  leer algo. Pero no. No era un papel, era un sobre, que ella entrego sonriente. Este es mi regalo para vos mi amor, le dijo y lo beso cariñosamente en la boca. Me lo confirmaron hoy, vas a ser padre.