Dulce companía

Olvido IX

Que suerte que tuviste hijo, esta chica es lo mejor que nos pudo haber pasado, dijo su madre, mientras le servía el desayuno. La veo y no puedo dejar de pensar que Dios está haciendo justicia conmigo, agregó y se quedó parada a su lado, mirando al techo. Sus ojos –casi lagrimeando- reflejaban ese estado, entre tristeza y felicidad. Tristeza que acarreaba desde ese día que volvió de la clínica -adonde fue a internarse para que naciera su hermanita- con las manos vacías. Nadie explicó nada. El, con sus ocho años, tenía ya muy claro lo que era un embarazo y nunca le explicaron lo que realmente pasó. El tampoco se animó a preguntar. Tristeza que la acompañó durante todos estos años, hasta que apareció ella. Ahora todo parecía distinto. Sos como una hija para mí, le dijo su madre una tarde de domingo, mientras tomaban el te y ella, sonrió y –como completando un cuadro- aseveró: y ustedes son como los padres que el destino me quitó. Y todos sonrieron. El, que en todos estos se la pasó pensando en como salir de esa estructura familiar tan rígida, sentía en estos momentos que estaba más atrapado que nunca. Ella, con esos gestos tan familiares, lo tenía confundido, era como la hermana, que él se había quedando esperando hace más de veinte años.

5 comentarios:

  1. la cosa se complica por momentos

    la tela de araña crece...

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  2. Parece, amigo, que una vez más estamos en sintonía.

    ¿Será acaso que las relaciones humanas son por definición complejas?, se pregunta Matilda, entre otras preguntas no menos existenciales.

    Un placer volver a pasar por aquí.

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  3. Gestos que confunden,
    pero el corazón nos habla.

    Un gran abrazo

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  4. Me gusta haberte encontrado. Leí este último post, pero entiendo que "olvido IX" es la continuación de una historia. Iré leyendo de a poco. Preciosa tu manera de narrar.

    Un beso

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